Casi 70% de los jóvenes mexicanos entre 18 y 29 años padecen estrés financiero, según la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (Ensafi) del INEGI 2023. Esto equivale a aproximadamente 16.1 millones de personas que experimentan preocupación constante y presión ante su situación económica.
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De ellos, 28.6% vive un estrés alto y 40.9% uno moderado. Entre las mujeres jóvenes, el nivel de estrés financiero alto o moderado alcanza 71.2%, mientras que en hombres es de 67.6%.
Este estrés surge en un contexto de incertidumbre laboral, bajos salarios y falta de experiencia. Además, el acceso fácil a créditos con tasas altas, combinado con poca educación financiera, incrementa la vulnerabilidad económica. La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) alerta que esta situación afecta tanto la salud mental como física y puede deteriorar las relaciones sociales y familiares.
Factores que incrementan el estrés financiero
Los jóvenes enfrentan gastos elevados por educación, vivienda, alimentación y transporte, con ingresos que a menudo resultan insuficientes. La falta de estabilidad en el empleo y la informalidad laboral intensifican esta problemática. El uso irresponsable de tarjetas de crédito con intereses superiores al 100%, así como la presión por mantener un estilo de vida promovido en redes sociales, también contribuyen.
Impacto en la salud y calidad de vida
El estrés financiero no solo genera ansiedad, sino que también provoca problemas físicos como insomnio, gastritis y enfermedades cardiovasculares. Estas afectaciones disminuyen la capacidad de los jóvenes para disfrutar su vida diaria, afectar sus relaciones y su rendimiento académico o laboral. Se suma a ello la pobreza que afecta a 28.8% de jóvenes, muchos con múltiples carencias sociales.
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La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que la tasa de desocupación juvenil es tres veces mayor que la de adultos y que el 60% de jóvenes trabajan en la informalidad, lo que limita su acceso a seguridad social y condiciones dignas. Además, nuevas formas de empleo, como las plataformas digitales, ofrecen flexibilidad pero con precariedad.