Un raro cuadro de Klimt hace historia en subasta por 236.4 mdd

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Foto: Sotheby's

La casa Sotheby’s estableció un nuevo récord en el mercado del arte moderno con la subasta del Retrato de Elisabeth Lederer, de Gustav Klimt, por 236 millones de dólares. Se trata de la cifra más alta jamás pagada por una obra de este periodo.

La venta fue tan histórica como la del Salvator Mundi, subastado por Christie’s en 2017, ya que el público estalló en aplausos tras una puja final que involucró a seis postores.

Obra de Gustav Klimt marca récord en subasta

La obra de 1914, considerada una pieza excepcional del artista, inició en 130 millones de dólares y tardó 20 minutos en alcanzar su precio final, resultado de una competencia intensa entre coleccionistas privados. El retrato es descrito como un símbolo de convergencia entre belleza, poder y simbolismo, características distintivas del modernismo vienés.

El récord no sólo representa la venta más alta del arte moderno, sino también una nueva marca para Klimt, cuyo lienzo Dame mit Fächer (Lady with a Fan) había alcanzado 108 millones de dólares en 2023. La subasta también incluyó otra pieza del artista, un paisaje vendido en 86 millones de dólares, además de una pintura de Edvard Munch adjudicada por 35.1 millones.

Sotheby’s recaudó 527.5 millones de dólares con la colección del empresario Leonard A. Lauder. Superó por amplio margen las estimaciones iniciales que pronosticaban cerca de 400 millones.

La subasta de la obra de Gustav Klimt no es para menos. Se trata de una de las figuras más influyentes del modernismo europeo y un símbolo de la Secesión Vienesa.

Su obra marcó una ruptura con las convenciones académicas del siglo XIX para explorar un lenguaje visual audaz, cargado de sensualidad, simbolismo y experimentación estética.

El artista replanteó la idea del retrato y la representación del cuerpo humano, especialmente el femenino, desde una mirada cargada de poder emocional y profundidad psicológica.

Su estilo se distingue por el uso exuberante del oro, los patrones ornamentales y composiciones que fusionan elementos del arte bizantino, egipcio y japonés con tendencias modernas. Obras como El beso o Judith I son íconos universales que trascienden lo pictórico para hablar de deseo, espiritualidad, vulnerabilidad y fuerza. Esta mezcla entre erotismo y misticismo amplió los límites del arte, cuestionando la rígida moral de la época.

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