El mercado laboral mexicano atraviesa una contradicción estructural: mientras la tasa de desempleo se mantiene baja, la informalidad laboral es el rasgo dominante. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), del Inegi, al cierre de 2025 la desocupación se ubicó en 2.5 % en el cuarto trimestre, un nivel moderado, pero con impactos concentrados en segmentos clave de la población.
- El 45.8 % de las personas desempleadas pertenece al grupo de 25 a 44 años
- Los siguen los jóvenes de 15 a 24 años, con 34.6 %.
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Informalidad y desempleo: la dualidad que frena el mercado laboral mexicano
El principal desafío no es únicamente el desempleo, sino la calidad del empleo. De los 59.8 millones de personas ocupadas en el país, 32.9 millones (más del 55%) laboran en condiciones de informalidad, es decir, sin contrato, sin prestaciones o en unidades económicas no registradas. Esta situación limita la productividad, reduce la recaudación fiscal y frena la movilidad social.
Antía Vázquez, CEO de Ginia, explica que esta dualidad del mercado laboral mexicano responde a que la creación de empleos no se acompaña de procesos de formalización ni de adecuación a estándares laborales.
“Para los jóvenes, el reto no es solo encontrar empleo, sino que sea formal, acorde a su formación y con oportunidades de crecimiento”, señala.
¿Por qué ocurre esta dualidad?
Las causas del fenómeno son múltiples. Entre ellas destacan la precariedad laboral, los bajos salarios, la falta de prestaciones y un desajuste persistente entre la formación educativa y las necesidades del mercado. La ENOE revela que el 41.5 % de los desempleados busca trabajo durante menos de un mes, mientras que el 35.8 % tarda entre uno y tres meses, y el 17.6 % más de tres meses, lo que refleja un mercado dinámico pero con empleos de baja calidad.
Para revertir esta tendencia, especialistas coinciden en que es necesario elevar la calidad del empleo y no solo la tasa de ocupación. La vinculación temprana entre educación y empresas es un factor clave: adaptar los programas académicos a la demanda real del mercado, fomentar prácticas profesionales y generar esquemas de mentoría permitirían mejorar la empleabilidad formal de los jóvenes.
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Asimismo, la medición de la empleabilidad debe ir más allá de la inserción laboral e incluir indicadores de formalidad, adecuación profesional y desarrollo de carrera. Melissa Manrique, cofundadora de Ginia, subraya que las instituciones que monitorean la trayectoria de sus egresados fortalecen su reputación y atraen inversión.
En este contexto, la tecnología también se perfila como un aliado estratégico para desarrollar habilidades técnicas y blandas, facilitar la transición al mercado laboral y crear pipelines de talento para las empresas.
Aunque el desempleo se mantiene bajo, la elevada informalidad evidencia que los empleos creados en el mercado laboral mexicano no cumplen con estándares de calidad. La articulación entre educación, empresas y plataformas de vinculación laboral será determinante para transformar esta realidad en una oportunidad de crecimiento económico sostenido y mayor movilidad social.